¿Y por qué me ha dado por experimentar con las hojas de maíz?. Muy sencillo. En la casa de mi abuela había un maizal donde jugábamos de niños. Muchas veces nos mandaban a recoger las panollas (mazorcas), para cenar. Por eso cuando veo en alguna tienda mazorcas frescas en seguida las compro. Y si, guardo las hojas. En algunos países de Centroamérica elaboran artesanía con ellas y me parece un material muy versátil y maleable que aporta un resultado vistoso.
Las hojas de maíz se pueden teñir y trabajar muy fácilmente si se humedecen, se pueden malear con calor y moldear con plancha o incluso con las tenacillas de rizar el pelo.
Llevaban tiempo mis hojas de maíz esperando que mirase para ellas. Y con motivo de la fiesta de cumpleaños de Sofía, de inspiración hawaiana me decidí a utilizarlas.
Reciclando hojas de maíz
Después de inspirarme un poco por la internet, opté por realizar unos porta velas con las hojas de maíz. Tarea bastante sencilla. Ayudada por la súper pistola térmica y algo de imaginación los realicé en un pis-pas.
Una cosa lleva a la otra, así que pensé que para poner los pichos de la fondue y los de la fuente de chocolate me hacían falta un par de recipientes acordes a la temática de la fiesta. Muy fácil. Echando mano de mi almacén de basurillas tomé un par de latas de cacao y el resto fue echarle imaginación.
Y con toda esta decoración tan «Kuqui» elaborada a partir de hojas de maíz y un poco de ingenio pude crear un bonito rincón en mi terraza destinado a la zona de bebidas de la fiesta hawaiana que celebramos por los 15 años de Sofía.
Y como siempre, para los que no les gusta leer adjunto un bonito video resumen de la elaboración.
Mi madre tiene el lavadero en la planta baja de su casa y por eso siempre he visto una cesta para la ropa que hace más fácil la distribución de la misma por sus respectivos armarios.
Yo no la tenía, y eso me producía una doble inquietud. Por una lado sentía la necesidad de seguir con las tradiciones familiares, aunque mi espíritu rebelde se oponía y como mucha gente quería conservar mi identidad personal y romper con los patrones establecidos.
Por otra parte, cada vez que me disponía a distribuir la ropa por las habitaciones, perdía todos los calcetines y la ropita interior se me desdoblaba y desbarajustaba. El pasillo era un reguero de prendas y tenia que volver varias veces para recoger lo perdido.
Cesta para la ropa limpia
Salía un día de mi casa, y de pronto la vi. Estaba apoyada junto a la farola, y me miraba. No pude contenerme, la recogí, como a varios de los enseres que tengo en casa. Es la típica cesta de navidad, esa que viene cargada de buenos deseos y lo que es mejor de comida y bebida para disfrutar de las fiestas. Tiene el tamaño adecuado para la función que yo pensaba darle y sin pensarlo dos veces, la subía casa. Estuvo un tiempo aparcada, ya que estaba algo deteriorada. Los palitos de mimbre que sobresalían de sus sitios me enganchaban la ropa. Fue un tiempo después de terminar el costurero vintage, que a la vista de que aun no había terminado con los retales, me decidía forrarla.
Ahora tengo una cesta para la ropa limpia muy «Kuqui». Mi hija me dice que esa palabra no existe. No me importa es mi blog y la mayoría de las cosas que muestro antes no existían, ha sido gracias a mi ingenio y laboriosidad que ahora puedo disfrutarlas, y espero que a alguien inspiren, para no seguir en ese flujo de comprar y tirar que nos impone la sociedad moderna.
Y para los no lectores, ahí va un video demostrativo del proceso de creación de la cesta para la ropa limpia.
Yo tenia un costurero, que un día me encontré descuartizado al ir a utilizarlo. decidí entonces, transformar todo ese amasijo de maderas desvencijadas en un costurero vintage reciclado.
El costurero vintage reciclado
No era una tarea fácil Requería de un alto nivel de estrategia y ejecución. Me puse de inmediato con la planificación. Abrí un nuevo proyecto en «Project» titulado «Reciclaje de costurero viejo». La fecha de entrega a mi misma sería, teniendo en cuenta los tiempos de secado, lijado entre capas, elección de los colores… , de 10 días. Los implicados en el proyecto éramos mis manos, yo y alguna que otra herramienta de esas que andan por casa.
El departamento de compras, ubicado en la parte izquierda de mi cerebro, se encargaría de buscar los materiales necesarios, que en este caso fueron:
Tela de flores, que vivía aburrida en el fondo de un armario esperando a que alguien le hiciese caso.
Pintura de pizarra casera: Escayola, cola blanca, latex y pigmentos naturales o pintura acrílica. En esta ocasión fue acrílico.
Cera envejecedora: También de creación casera cera+tinte de madera al gusto.
Un par de tiradores: Zara Home
El resto corrió por cuenta de la «Factoria Flow», en la que andan implicadas, mis manos, mi mente, mi coordinación y la fusión que hacemos bastante a menudo con las herramientas, que nos permite revelarnos como un robot de una cadena de montaje.
PINTADO
Una vez hube preparado la pintura de pizarra casera, lo siento no tengo medidas exactas pero lo voy a intentar: Escayola, cola blanca y/o latex hasta que alcanza una consistencia cremosa, como un yogurt, entonces añadimos el acrílico hasta dar con el color deseado.
Pinte cada elemento del costurero vintage reciclado en un color y las patas en varios. Elegí estos tres colores, que mas tarde descubrí que son los tres colores que siempre elijo, creo que por no pensar. Me dejé llevar por el flujo ascendente de mi cerebro y no le presté atención a este detalle que en cualquier otro momento sería fundamental. ¡Ah! ya me acuerdo, hacían juego con las telas.
LIJADO
Para descubrir zonas de la madera original, siempre me gusta dejar en lo que hago un resquicio de su pasado respetando la vida que ya tuvo. Como en la panera reciclada donde permití que las huellas de su pasado permaneciesen tras una flor.
ENCERADO
Tras mezclar la cera normal la amarilla de toda la vida, con el tinte de madera lo extendi por los pedazos del costurero vintage reciclado hasta conseguir ese tono de envejecido que tanto me gusta y tan característico de este tipo de trabajos.
ENTELADO
Pues aunque no lo parezca fue la parte más complicada del asunto. Aun teniendo conocimientos de tapicería me costo un rato. Fui fijando la tela con grapas para dar la forma de la caja. Una vez estaba ya definida, le di una capa de látex, para proteger la tela en el futuro y retiré las grapas. Rematé las cajitas con restos de cintas , que también esperaban en el fondo de una caja a que alguien las rescatase. Pero estas al contrario que las telas. estaban mucho más entretenidas hablando de sus cosas de cintas y haciendo competiciones estúpidas con los lazos de raso de la caja de al lado y los de terciopelo de la de más allá. Como son unas cotorras incorregibles ahora estarán entretenidas con los utensilios de costura.
ALFILETERO
Y le di un toque practico, un alfiletero del que anteriormente carecía. Con unos restos de molduras que corte, bastante mal por cierto pero que al rematar le dieron un aire muy rustico y tierno. Unas planchas de corcho superpuestas a modo de pirámide azteca, terminado con relleno de cojín y rematando con tela sobrante del interior.
MONTAJE Y ORDENACION
Y lo monte de nuevo. Puse cada cosa en su lugar y ahora tengo un bonito costurero vintage recilado que cada vez que utilizo me recuerda a mi prima Bea. Ella fue quien me lo regalo por mi boda, pero ya en ese día me dijo «no es muy bonito….» Motivo por el cual ha estado esperando a que llegase el día en que en mi «Projet» hubiese una nueva tarea llamada «Reciclaje de costurero viejo».
He preparado este video de la evolución del costurero vintage reciclado para los que no les gusta leer, que cada vez sois más. Aunque no lo sepáis es por culpa de prestar tanta atención a las RRSS y toda la basura que nos empeñamos en ver una y otra vez, que baja nuestro nivel de atención y nos hace ser cada vez más superficiales.
Allí estaba depositada en un contenedor de obra, junto con otros tesoros que también acogí, una lechera de aluminio antigua y una fuente esmaltada descascarillada que más tarde reutilicé para completar una lámpara flexo. Sin dudarlo la metí en el maletero del coche, donde pasó varios meses mientras llegaba la inspiración.
Dado su estado lamentable, se me hacía imposible darle el uso para el que había sido diseñada. Demasiados panes y alimentos habrían pasado por ella. Lo que me hacia pensar que tal vez algo de las personas que la poseyeron habría dejado poso, parte de su espíritu en ella.
El barrio donde la encontré no era un barrio bonito, ni alegre ni joven. Tenia el temor de que su poseedor anterior no fuese una persona jovial ni feliz. Me asustaba el pensar que tal vez parte de esas vivencias viniesen con la panera y que de alguna manera pudiesen entrar en mi cocina y contaminar la esencia de mis alimentos. Se da también la circunstancia de la ausencia de este alimento como parte de mi dieta diaria. «El pan embrutece» dicen algunos y otros como David Perlmutter nos lo muestran como el envenenador lento y silencioso de nuestro cerebro en su libro «El cerebro de pan«.
No, definitivamente no podía dejar entrar ese elemento en mi cocina. Y menos aun, darle el uso que había tenido en su vida anterior. Y así pasaron los meses, la panera, la fuente y la lechera descansaban en el maletero y en cada curva o bache me hacían recordar su presencia.
Mas tarde, cuando decidí tomar una de las estancias de mi casa como taller se me encendió la bombilla, le encontré utilidad. Sería mi caja de herramientas. De tijeras, esas con las que manipulo las telas para crear flores, las otras, las que utilizo para cortar las chapas de aluminio y dar vida a esculturas. Las de más allá, las que forman pendientes con capsulas de café. Estudié su forma, sus elementos su color, las huellas que había dejado el uso impresas en su cara más visible, en la interior.
Quería darle una nueva oportunidad, un aspecto renovado y a la vez respetar, mantener sus heridas. Dejarlas vistas, que supiésemos que ella ya había vivido una vida. Y que esta, que yo le ofrecía era una extensión, una nueva razón para existir. De ahí que mantenga parte de sus heridas a la vista en forma de flor. Recordándonos que hay plantas y flores que curan. Esta panera es como cuando alguien llega a nuestra vida. Trae su pasado, muchas veces no lo podemos ver pero está ahí y de vez en cuando aflora. No lo tomemos como algo personal. No lo es, solo son fantasmas de su pasado, cubramos a esa persona con flores, en forma de palabras y gestos de amor y aceptémosla.
Os dejo unas imágenes del proceso de transformación de la panera reciclada en caja de herramientas
Como he conseguido hacer una lámpara reutilizando materiales que tenía por casa. Al instalar mi nuevo despacho taller me vi en la necesidad de luz blanca para poder realizar tareas de pequeño formato. Investigando en el sótano de mi tía, almacén donde los haya, descubrí un viejo flexo de arquitecto, al que le faltaba la pinza. ¡Humm! que fallo. Pero no importa, nada se me pone por delante a la hora de resolver una necesidad. Y contaba con la parte fundamental, el flexo.
Materiales para hacer una lámpara
Después de explorar en las múltiples cajitas con tesoros que se encuentran esparcidas por mi casa reuní diferentes materiales que podrían funcionarme: un par de peanas de madera viejas; una caja metálica de un CD en desuso, con unas piezas de plomo en su interior para hacer de contrapeso; y un timbre antiguo, en cuyo orificio y una vez descartado el botón, encajaba a la perfección el pie de la lámpara flexo.
Hacer una Lampara reutilizando materiales
Manos a la obra, lijé y encolé las peañas de madera, atornillé la caja de CD con su relleno de plomo al conjunto, y he aquí el resultado. Ya tenía la base. ¡Monísima!
Peana creada a partir de elementos recuperados
Estaba yo muy contenta con mi hazaña, había conseguido una lámpara flexo sin gastar un duro y en muy poco tiempo, una precioso flexo que me ayudaría a realizar esas tareas de pequeño formato aportando la luz blanca para los días de invierno.
Lampara con materiales recuperados
Pero hete aquí que en el primer intento de usar mi flexo, esta se volcó. ¡URGGG!, ¿Que pasaba?, ¿no era suficiente el contrapeso?. Vueltas y vueltas de nuevo al invento.
Si el día que hablaron en clase de la «Base de sustentación» yo hubiese estado más atenta sabría que el principio de esta ley es el siguiente:
BASE DE SUSTENTACIÓN Es la fuerza que circunscribe a las partes del cuerpo en contacto con la superficie de apoyo, es decir está determinada por la superficie de apoyo, es decir está determinada por la superficie de apoyo. Cuanto más grande es la base de sustentación, mayor será el equilibrio de cualquier cuerpo.
Una vez entendido este principio solo tuve que mirar de nuevo entre mis tesoros para acabar decidiéndome por esta base, una bandeja esmaltada que utilicé de capa intermedia entre la peana recién creada y la caja que contenía en contrapeso. Ahora ya si, disponía de una lámpara flexo que cumplía sus función sin volcarse y de cuyo resultado estoy satisfecha, me es muy útil a la hora de crear mis pendientes, esculturas, flores de tela y de más creaciones
Lampara con elementos recuperadosLampara flexo con elementos recuperados
Me encantan las telas. Los estampados, los diseños, la funcionalidad, los colores, las texturas, el tacto. Tengo un armario lleno de telas y retales. piezas que voy coleccionando y que me inspiran a crear nuevos objetos como flores de tela.
Flores de tela
Me gustan las flores de tela, las que se lucen en la solapa, en la cabeza, las que acompañan y alegran los zapatos en un día de fiesta, las que se prenden en un bolso y le dan un toque especial. Tenía muchas telas, y muchas flores en la cabeza y empecé a buscar inspiración, quería hacer algo alegre, algo que también alegrase a su portador, algo especial. Y me salieron unas flores de tela que sirven para varios aderezos, para el pelo, para la solapa, para un bolso, e incluso para nada, para dejarlas en un rincón, como si se tratase de un pedazo de naturaleza artificial que surge en la esquina del salón, algo que nos recuerda que la naturaleza en muy potente y que no podemos dominarla.
Me gusta hacer flores de tela, combinar las telas, buscar los botones que las acompañan, integrarlas en esculturas o simplemente añadirles un broche y utilizarlas como complemento. Me recuerdan también a tiempos pasados, a tiempos más sencillos, donde una simple flor de tela era «El complemento», algo que se guardaba entre papeles de seda y a lo que se acudía a la hora de conformar el siguiente modelo para el próximo evento, se intercambiaban entre familiares para lucir siempre diferentes.
Me inspiran las flores de tela, me gusta inspeccionar las flores naturales en la búsqueda de nuevos patrones para nuevas flores de tela.
Os dejo algunas de mi creación y espero que a vosotros también os inspiren, o al menos, que os traigan un momento de relax al contemplarlas, que os dejéis llevar por ellas y disfrutéis de las combinaciones.
Este año he sido seleccionada para formar parte de la exposición de mujeres artistas en Pozuelo de Alarcón, muestra que se organiza con motivo del día internacional de la Mujer, el 8 de Marzo. Participo junto a mujeres artistas en Pozuelo de Alarcón, muchas de ellas consagradas. La calidad de la exposición de las mujeres artistas, desde mi punto de vista es bastante alta, han participado en la selección de las obras Manuela Picó, María José Bro y Rosa Gallego, mujeres artistas de Pozuelo ya consagradas.
PrimulaKardinsky-Río de sinamay
La obra presentada y que se podrá ver hasta el próximo día 27 de Marzo es una Primula Kardinsky, esculturas que realizo a partir de materiales reciclados, e n este caso con aluminio, madera recuperada, sinamay del que se utiliza para hacer tocados, un radio de bicicleta, latas de refresco, corcho de botella y cuerda de cáñamo.
Me siento súper orgullosa y feliz de poder formar parte de esta exposición de mujeres escultoras junto con artista más consagradas y sobre todo el haber pasado el filtro de selección de las veteranas Manuela Picó, María José Bro y Rosa Gallego.
Podéis ver más información del evento en este articulo «Mujeres artistas de Pozuelo exponen en Padre Vallet«. La del centro de la foto que sale con cara de iluminada soy yo, debí de tener una aparición, no lo recuerdo, de todos modos adjunto fotografía del evento realizada por mi cámara donde salgo más favorecida.
Desde el 16 de Enero y durante los próximos tres meses podréis ver mis esculturas de Primulas Kardinsky en la exposición del restaurante «La Nines» en Majadahonda. Junto a ellas podréis contemplar también las ultimas obras de mi colaboradora Belen Pajares. Planchas de aluminio combinadas con acrílicos y elementos añadidos, obras que nos hablan de la necesidad de llegar al equilibrio entre el mundo digital y el matérico.
Belén y yo nos conocimos trabajando en una multinacional, en el departamento web. Nos une nuestro pasado digital y la búsqueda de integración de ese mundo digital con el mundo matérico, sin olvidar ni apartar nuestro lado emocional. Retomamos el trabajo manual, el contacto con los materiales, reaprender integrando nuestras experiencias e inquietudes. Jugamos y creamos a partir del aluminio, que ya es en si mismo algo procesado para ir desarrollando obras que combinen esa frialdad de la base con algo más cálido y natural como son las cuerdas, fieltros y materiales más naturales.
El aluminio como nuestra base en común, el mundo digital. La materia orgánica como un intento de volver a nuestra parte más natural, retomar el contacto con nuestra persona y nuestra raíces. Y dejándonos fluir, entrando en contacto con nuestro lado emocional surgen las obras, resultado del equilibrio que estamos experimentando en nuestras vidas.
Prímula Kardinsky con botijo
Contraste del mundo digital y el rural
Abstracción de bailaora de flamenco
Vuelta al mundo rural a través de los materiales y elementos
Trabajo en aluminio, acrílicos y materiales naturales
La próxima semana mostraremos nuestro trabajo como SHE en Christmas Art Sale, una mini feria de arte económico para todos los bolsillos. Todos aquellos que queráis haceros con una obra de arte o bien regalara durante las próximas fiestas no os lo podéis perder. Se muestran obras de varios artistas y podremos ver los Poppies de Felipao, tan adorables que dan ganas de levárselos a casa, asi como obra de Justa Rayego, tan delicada y personal como ella, Lorena Allas, con su gama de azules y grises tanto en escultura como en obra gráfica. abe the ape, sus jarrones que recuerdan a Alicia en el pais de las maravillas. Romero Brito, con el estallido pop de colores súper brillantes.
El trabajo que mostraremos será nuestra obra realizada durante este otoño. Piezas que hablan de pensamientos contradictorios como las «Floresillas«, de superación «Esculturas Primula Kardinsky» y varias «Esculturas modulares» que evocan la música y los libros.
También enseñaremos nuestra iniciativa de bolsos con arte «SHE BAGS» bolsos que cuentan historias y que nos sirven a la vez que nos hacen pensar.
Por fin y haciendo caso a la insistencia de mi madre he cambiado los visillos de la cocina. En realidad nunca fueron tales, se trataba de unas toallas de hilo con flecos que yo apañé como visillos. La verdad es que quedaban bastante mal.
Los visillos
Eran blancos aunque la cocina no les permitía mantener su color natural más allá de dos semanas. Tomaban ese color amarillento tan característico que se acomoda en los trapos de toda cocina que tiene un uso continuado.
Eran excesivamente tupidos, no dejaban pasar luz suficiente. El gasto de electricidad se incrementaba notablemente durante los meses invernales, en los que hasta a medio día se hacía necesario encender la luz.
Eran demasiado cortos, dejaban entrever las miserias que se esconden en todo tendedero o patio trasero que se precie. Bolsas de basura pendientes de su destino, el carro de la compra con sus hojas de lechuga de borde ennegrecido asomando, el cubo de reciclaje rebosante de latas y bricks de leche. En fin, visiones que no agradan y muchísimo menos cuando aparece una visita inesperada que siempre, siempre tiene que pasar por la cocina. Son cosas que sabemos que existen pero preferimos mantenerlas ocultas, nos recuerdan asuntos pendientes que tratamos de ocultar tras una fina cortina o visillo. Salvo en mi caso. Antes. Ahora ya está solucionado.
El motivo de este post, no es mostrar los visillos que he colocado en mi cocina, muy monos por cierto. Eso no tiene ningún interés, ya hay mucha gente que se dedica a coser y además bien, mostrando los resultados en sus blogs. Lo que me gustaría enseñaros es hasta donde llego con tal de reciclar hasta el último trocito de lo que sea y generar los mínimos residuos posibles.
Decidí trasladarlos a mi estudio, enfrentándome de este modo a una dura tarea de reconstrucción e imaginación. La tela descolgada era insuficiente para la nueva ubicación. Echando mano a mis almacenajes de chamarilera, descubrí que tenía guardado el visillo de mi antigua cocina, 12 años en una caja. Este sí que tenía impregnado el color amarillento del que ya hemos hablado. Seguía siendo tela insuficiente. No era motivo para echarme atrás. En la caja e mi ajuar descubrí varias toallas de hilo, de esas que se almidonan y se vuelven a almidonar volviéndose entonces repelentes al agua y dejando de hacer su función. Tomé una de ellas, de un blanco impecable y con un bordado hecho a mano de lo más primoroso.
Contaba con varias toallas de hilo y una cortina, agrupaban entre ellas los diferentes matices cromáticos que van del blanco impoluto al color de la cera ajada, varias texturas, debidas al el uso y al desgate natural del tejido y una ventana, bastante amplia por cubrir.
Con mis ingentes conocimientos de costura, adquiridos como casi todos los que poseo, en la escuela de mi cerebro inquieto y autodidacta. Me puse manos a la obra. Tras cortar, pegar, planchar, coser, descoser y volver a coser, este es el resultado de mi trabajo.
Supongo que a los más puristas les parecerá una chapuza, tanto por la combinación de colores, de desgastes, de tejidos y hasta de costuras. Pero a mí y siguiendo una de mis nuevas máximas, “más vale hacerlo, aunque no esté perfecto, que no hacerlo” (y quedarse suspirando por hacerlo), me parecen muy coquetas, vintage y alegres que es lo que me interesa en este momento.