Yo no sabía si a Sofía le podrían gustar las galletas personalizadas. Pero me lancé a la piscina sin flotador.
Sofia
Y que decir de Sofía. Ella es y sigue siendo una de mis muy mejores amigas, nos conocimos como Pepe y su pandilla en la urbanización de Burgos donde vivíamos, allá por el año ochenta y pocos. Formábamos una pandilla de muchos niños y de muy variadas edades. Y si, éramos un poco gamberretes. Con Sofía viví el paso de la niñez a la adolescencia. Y mas tarde aunque en la distacia el paso a la edad adulta.
Seguimos vinculadas, aunque apenas hablemos y apenas nos veamos. Es sin embargo una de esas amistades fraguadas en la niñez y que han pasado juntas por momentos divertidos y otros no tanto que están abocadas a durar toda la vida. Con ella me pegué mis primeros paseos por Burgos, conocimos a nuestros primeros novietes juntas. En la etapa de Madrid, ya siendo universitarias. ¡¡¡¡XXX!!!. ¿Qué no hicimos?.
Ahora en nuestra etapa adulta, ella en Valladolid y yo en Madrid, seguimos en contacto. Y aunque no hablemos tan a menudo como nos gustaría, jamás olvidamos felicitarnos en los cumpleaños y navidades y ponernos al día.
Las Galletas personalizadas
Fue en uno de estos cumpleaños de Sofia, en el «taitantos», que ella organizó una fiesta en Valladolid. Y allá que nos fuimos. Yo sé que ella es golosona y como estaba en los inicios de mi actividad galletera, decidí prepararle una caja de galletas personalizadas. Para que se la comiese ella solita o la compartiese con quien deseara.
Acababa de preparar las galletas de la comunión de Laura, así que aprovechando los colores, di forma a estas galletas, en las que me permití incorporar una técnica nueva, que resulto ser bastante coquetuela y resultona.