Estas galletas de comunión diferentes que preparé para Inés estaban inspiradas en las de Laura, que a su madre le encantaron.
Ines
A Inés la he visto nacer, la he visto crecer. Recuerdo cuando en el jardín de la piscina andaba desnudita y su madre la llamaba «culito verde». La he visto dar sus primeros pasos. La he visto cuando se partió el fémur y estuvo una larga temporada con muletas. Volvió a aprender a andar. La he visto cuando se cayo e hizo una brecha en la frente.
Para sus padres, la llegada de Inés fue una alegría enorme. Más para la abuela, de la que adoptó el nombre. Conforme fue creciendo ya se dieron cuenta de que tenían un torbellino de vitalidad en casa. Acostumbrados como estaban a la tranquilidad de sus otros dos hijos. Inés es la pequeña, la consentida que hay en todas las casas. Inés, en palabras de su abuela la otra Inés, es un calco de su madre de chiquita. Su madre también es un torbellino que por donde pasa no deja a nadie indiferente e Inés sigue este ejemplo. Me gustó mucho participar en la comunión de Inés y poder reglarle estas galletas.
Las galletas de comunión diferentes de Inés
Ya he comentado que siguiendo la línea de los colores de la comunión de Laura, realicé estas galletas de comunión diferentes. Incorporando en esta ocasión algunos elementos nuevos, como las líneas de color muy juntitas. Pero no os llevéis a engaño, no fue una innovación, todo partió de una necesidad. No se que me paso con la masa de las galletas que se me partían. Tuve que buscar una solución y utilicé este método como forma de pegamento para unir los fragmentos. Suelo hacer galletas de más, teniendo en cuenta las posibles roturas. Sin embargo en esta ocasión me fallaron los cálculos. En fin, menos mal que una tiene salidas y pude completar el numero de galletas.