No podía estar en dos lugares a la vez, de modo que envié mis galletas de balancín como parte de mi. Parece que fue una lastima, ya que la comunión de Lucía se celebro por todo lo alto, como altas fueron también las horas de la madrugada en que tuvo fin. Obviamente, me hubiese encantado asistir, pero el mismo día teníamos otra celebración.
LUCÍA
Lucía es la pequeña de tres hermanas y para sus padres, la alegría de la casa. En primer lugar, se comporta como una niña muy responsable y a sus apenas 9 años de edad, muy interesante también, le encanta la lectura y los inventos y siempre está ideando nuevas formas de jugar y divertir a sus primos. Además, cuando los domingos va a casa de la abuela, prepara siempre entretenimientos para los más pequeños. Su prima María la adora, la sigue por toda la casa deseosa de que le cuente alguna nueva idea para poner en práctica. Juegan por el jardín, por la casa, suben y bajan las escaleras y buscan bichos debajo de las piedras. En alguna ocasión, la abuela Pilar ha tenido que llamarles la atención por despistarse con sus juegos y no acudir a tiempo ala hora dela comida.
Galletas de balancín
Estas galletas de balancín siguieron la misma línea de otras comuniones, a las niñas les encantan estos colores y el resultado es muy vistoso y agradecido. Por lo que, no tuve ninguna duda a la hora de decorarlas. En consecuencia y dado que un par de semanas antes había sido la comunión de Alejandra, utilicé las mismas formas. Probablemente por esas cosas que hacemos los mayores para evitar posibles conflictos que están, la mayoría de las veces sólo en nuestras cabezas.
Realmente me dio mucha envidia cuando me relataron lo bien que transcurrió la celebración. ¡Con lo que a mi me gusta ir a Huelva!, comer jamoncito y tomar ese vino del Condado…
En fin, otra vez será, ya supongo que para la boda…