Mi madre tiene el lavadero en la planta baja de su casa y por eso siempre he visto una cesta para la ropa que hace más fácil la distribución de la misma por sus respectivos armarios.
Yo no la tenía, y eso me producía una doble inquietud. Por una lado sentía la necesidad de seguir con las tradiciones familiares, aunque mi espíritu rebelde se oponía y como mucha gente quería conservar mi identidad personal y romper con los patrones establecidos.
Por otra parte, cada vez que me disponía a distribuir la ropa por las habitaciones, perdía todos los calcetines y la ropita interior se me desdoblaba y desbarajustaba. El pasillo era un reguero de prendas y tenia que volver varias veces para recoger lo perdido.
Cesta para la ropa limpia
Salía un día de mi casa, y de pronto la vi. Estaba apoyada junto a la farola, y me miraba. No pude contenerme, la recogí, como a varios de los enseres que tengo en casa. Es la típica cesta de navidad, esa que viene cargada de buenos deseos y lo que es mejor de comida y bebida para disfrutar de las fiestas. Tiene el tamaño adecuado para la función que yo pensaba darle y sin pensarlo dos veces, la subía casa. Estuvo un tiempo aparcada, ya que estaba algo deteriorada. Los palitos de mimbre que sobresalían de sus sitios me enganchaban la ropa. Fue un tiempo después de terminar el costurero vintage, que a la vista de que aun no había terminado con los retales, me decidía forrarla.
Ahora tengo una cesta para la ropa limpia muy «Kuqui». Mi hija me dice que esa palabra no existe. No me importa es mi blog y la mayoría de las cosas que muestro antes no existían, ha sido gracias a mi ingenio y laboriosidad que ahora puedo disfrutarlas, y espero que a alguien inspiren, para no seguir en ese flujo de comprar y tirar que nos impone la sociedad moderna.
Y para los no lectores, ahí va un video demostrativo del proceso de creación de la cesta para la ropa limpia.